Moonlight (novela original) Cap 3 y 4

Hola!! les dejo el capitulo 3 y el 4 y además, una breve descripción de Blair, la protagonista: 
Blair Gallagher
Nunca ha tenido amigos, pero siempre ha soñado con tenerlos. Es una chica simple, perfil bajo y baja autoestima; vive con su madre, padre y hermano. 
A pesar de nunca haberse relacionado con nadie, queda totalmente embobada con la belleza de Arsen, el nuevo y misterioso chico de la escuela, que resulta ser quien le diga lo que ella siempre sospechó: Blair
no
 es como su familia.


Capitulo 3
Era obvio que Mamá se iba a enojar cuando llegara. Ya había anochecido y me esperaba un sermón.
Chris me abrió la puerta y levantó las cejas, para luego preguntarme dónde estaba.
—Con unas amigas. —dije con una sonrisa.
— ¿Amigas? —hizo una mueca que me molestó. ¿Qué había de malo en eso?
Lo rebajé con la mirada y él se rió. Pero no era un chiste.
En el umbral de la puerta estaba una enojada Alice de brazos cruzados. Pero antes de que comenzara a hablar, le dije:
—Lo siento, ¿si? Por primera vez en la vida tengo amigas y no iba a desperdiciar el momento por una estúpida medicina. —y abrí el frasco que había sobre la mesa e introduje una pastilla a mi boca sin agua. No sabía cómo podía hacer eso, pero era algo normal para mí.
Chris siempre se impresionaba de cómo lo hacía, y levantaba las cejas, para luego preguntar si me había atragantado, a lo que yo siempre respondía que no. Pero esta vez, sí me había atragantado. La estúpida pastilla parecía no querer pasar por mi laringe y se había estancado ahí dejándome sin aire.
Las lágrimas caían por mis mejillas mientras mi familia intentaba salvarme. Papá me rodeó con sus brazos y apretó mi estómago hasta que la pastilla salió disparada de mi boca.
Creo que me horroricé más cuando vi el color de la pastilla. Negra. Cuando normalmente era de un rosa claro. Comencé a gritar, recordando mi sangre en la tijera que se había vuelto del mismo color. Mamá la tomó en sus manos rápidamente, como si quisiera esconderla, y luego la tiró a la basura.
—¿Mamá? —le dije entre lágrimas. —¿Qué es eso?
—Nada, pequeña. —me dijo, acariciándome la mejilla. —Tómate otra, pero con agua esta vez. —y me sirvió un vaso.
Se me hizo difícil pasar la pastilla porque estaba asustada, pero al final, lo hice. Con todo el esfuerzo del mundo.
Fui a mi habitación y me senté en mi cama. Podía escuchar mi corazón latiendo como pasos en la escalera. Había algo raro en mí.
Tomé la cadena que tenía puesta y me la desprendí del cuello. El dije, una llavecita de oro, abría un pequeño cajón de mi cómoda. Con las manos temblorosas, abrí el cajón y me encontré con una bolsa ziploc que guardaba la tijera con sangre negra. Estaba ahí, intacta desde aquel día y la había guardado porque sabía que algo en mí no estaba bien. A su lado, había otra bolsita con fotografías familiares y una de cada uno de nosotros. Estaban agrupadas por clips de colores.
Uno de ellos, separaba las fotos de mis padres de jóvenes; otro, de mi hermano de pequeño y de hace unos años; otro de toda la familia junta; y por último uno que separaba fotos mías.
Chris se parecía a ambos de mis padres. Tenía la nariz respingada de Mamá, y sus ojos color miel. Los de Papá eran un poco más oscuros. Chris también tenía unas cuantas pecas que había heredado de Papá, y obviamente el cuerpo tonificado lo había heredado de él, ya que cuando mi padre era joven, prácticamente parecían hermanos. Ambos con cabello oscuro, al igual que mi madre.
Y luego estaban mis fotos. Mechones rubios llovían sobre mis ojos verdes que no sabía de dónde habían salido. Ni mis abuelos maternos ni los paternos tenían ojos así, y ni siquiera mis tatarabuelos. Era completamente extraño. Además, mi cara era distinta. Como si fuera hija de otros padres.
Lo que era más extraño aún, es que no había ninguna foto mía del día en que nací. Ninguna. Sólo desde los 7 meses en adelante. ¿Eso debería decirme algo? De hecho, lo hacía. No solamente sospechaba que era adoptada, sino que sabía que lo era.
Cuando tenía doce, me  había quedado en casa sola una vez. Me las ingenié para hurguetear todos los cajones y carpetas de mis padres, en busca de algún formulario de adopción. Busqué archivos en computadoras, y llamé a los orfanatos de la ciudad. Pero no había caso. Blair Gallagher no aparecía en ningún lado. Y eso me preocupaba. No porque me importara ser hija de otros padres, sino porque sabía que, de alguna forma, yo no tenía padres. Es decir, obviamente que los tenía, pero no eran padres existentes.
Hasta que me di cuenta, que quizás mi nombre no fuera Blair. Y comencé a pensar cómo me gustaría llamarme. Tendría que ser un nombre largo, me gustaban los nombres largos. Supongo que siempre te gusta lo que no tienes. Y tendría que empezar con una de las últimas letras del alfabeto. Victoria. Victoria me gustaba. Había una diosa romana o griega que se llamaba Victoria.
De todos modos, mi nombre era Blair. Por más que mi nombre original hubiera sido otro. Yo, ahora, era Blair. Y probablemente siempre lo sería.
El “poder” de la pastilla comenzaba a hacerme efecto. Los ojos me pesaban y las piernas y brazos se me estaban debilitando, me estaba durmiendo.
Cerré el cajón con delicadeza, y me metí como pude entre las sábanas. Mi madre entró en la habitación justo en el momento en que yo estaba apoyando la cabeza en la almohada. Quise preguntarle qué había malo en mí. Por qué mi interior era negro. Porque, claramente, la pastilla se había transformado porque había estado en mi cuerpo. Pero las palabras no sabían. Lo último que vi antes de cerrar los ojos, fue su amplia sonrisa, y un beso de buenas noches en la frente. Y luego caí rendida.
***
El sonido de la radio-despertador consiguió que me levantara y lo apague. Lista para ir a la escuela. Con mal humor y ojeras, ya que había tenido pesadillas y me semi-desperté. Digo eso porque yo no me despertaba por las noches. Era como que la pastilla no me dejaba despertarme, pero una parte de mi cerebro estaba despierta. A menos que algo externo me despertara, como en este caso, la radio.
Me puse una musculosa roja suelta y unos jeans oscuros. No me gustaba resaltar con polleras cortas ni nada por el estilo. Así que desayuné con Chris en silencio. Nunca desayunábamos en silencio. Algo estaba mal. Supuse que lo de mi pastilla.
—¿Puedes…puedes no decírselo a nadie?
Él me miró y me sonrió, comprensivo.
—No contaría cosas así, Blair. —me abrazó. —Eres mi hermanita. —dijo, alejándose y golpeándome el hombro. Abrió la heladera en busca de su postre favorito. No lo encontraba.
—Está en la puerta. —le dije sin mirar. Chris nunca encontraba nada aunque estuviera en la punta de su nariz.
Él se rió y volvió a sentarse en frente mío a comer su postre. Comía el mismo desde que tenía cinco años.
—¿Qué crees que sea? —le pregunté.
—¿Qué cosa?
—Lo de la pastilla. —dije tímida.
—Hey, no te avergüences de eso. Es sólo una pastilla.
—Chris, salió negra de mi garganta. Algo está mal.
—¿Crees que estés intoxicada o algo por el estilo?
—No, yo me siento perfectamente bien. Creo que es…algo…no lo sé.
—¿Sobrenatural? Estamos estudiando en la escuela, que algunas personas síquicas suelen escupir sangre azul cuando están por predecir algo.
—¿En qué materia viste eso? —le pregunté, extrañada, aunque mi caso podría ser algo parecido.
—En ninguna. —rió. —Lo leí en Internet. ¡Pero es cierto! —exclamó, antes de que le pegara. Mi puño quedó suspendido en el aire.
—Es en serio, Chris.
—¿De verdad crees que seas una especie de síquica?
—No…—susurré, aunque lo “sobrenatural” era una opción. Había soñado varias noches que yo era un vampiro de sangre oscura, aunque no sabía si esos existían. Es decir, no existían los vampiros, pero en toda esa mitología y esas cosas quizás algún vampiro fuera de sangre oscura. Pero de todas formas, nunca había intentado morder a ningún humano ni nada, así que lo del vampiro quedaba descartado.
—Es una ridiculez, Blair. Probablemente hayas comido algo malo y fue como si vomitaras.
Supe que era inútil intentar averiguar que sucedía conmigo, así que decidí dejar el tema.
—Si, probablemente. —dije comiendo mi tostada.
—¿Te llevo? —me dijo Chris luego de un rato. Hacía unos meses le habían regalado su propio auto por obtener una beca en la universidad. Mi hermano era muy inteligente, y había trabajado mucho para conseguir esa beca.
—Si. Espera que…—dije levantándome de la mesa.
—No. —me interrumpió. —Ahora. Tengo que ir rápido.
Lo miré. No podía ser tan egoísta. —Entonces iré caminando. —subí las escaleras. Todavía me faltaba lavarme la cara y los dientes. Qué le molestaba esperar unos minutos.
Cuando bajé, Chris se había ido. Quise pegarle. Pero ya se había ido.
Abrí la puerta y caminé hasta la escuela. Dos cuadras después de mi casa, Ian estaba esperándome.
—Hola, Blair. —dijo, comenzando a caminar.
—Ian. —susurré. ¿Qué le había picado?
No me dijo más hasta que faltó una cuadra para la escuela.
—Bien, sé que es raro.
—Lo es. —contesté mirando al frente. — ¿Qué quieres?
—No quiero nada, Blair. Es sólo que…estoy cansado de juntarme con las idiotas de las amigas de Jordan, ninguna de ellas tiene algo de cerebro.
— ¿Cómo sabes que yo sí? —lo miré por primera vez a los ojos y me di cuenta que eran muy lindos. Eran de un color azul océano, y eran grandes. Una cortina de pestañas oscuras los protegía. Oscuras como su cabello. Negro como el azabache. No me había dado cuenta lo lindo que era. Pero aún así, un chico como él no podría gustarme nunca. Además, a April le gustaba. Y estaba con Jordan.
—Te sientas detrás de mí. —dijo, como si eso fuera suficiente para conocerme.
—Nunca habíamos hablado hasta ahora.
—Ayer hablamos. —dijo con una sonrisa que me contagió.
—Entonces… ¿quieres que seamos amigos? —pregunté, porque me parecía la cosa más loca del mundo.
—Si…—sonrió.
—Bien. —tomé las tiritas de mi mochila y las ajusté. —¿Dónde está Jordan?
No hizo falta que me respondiera. Unas piernas perfectamente depiladas y casi desnudas, (sino fuera por su minúscula falda) se interpusieron en nuestro camino. Llevaba una remera cortita y escotada, que dejaba ver sus grandes pechos. Pero era desagradable. Sus labios tenían más colágeno que carne en mi cuerpo y sus raíces negras afirmaban que se teñía. Era un insulto para nosotras las rubias.
Con su voz chillona le dijo a Ian: —¡Hola, lindo!
Él no le contestó y ella pareció enojarse. Se dirigió a mí.
—¿Qué haces aquí, apartada?
Mis mejillas se enrojecieron, pero Ian me defendió.
—Está conmigo. —me tomó del brazo, y nos “escapamos” de ella. Pero nos siguió.
—¿Crees que serás popular por caminar a la escuela con mi novio? —dijo en un tono sarcástico.
Yo estaba a punto de pegarle. Pero me controlé.
—Déjala en paz. —le dijo Ian.
Ella rió. — ¡Encima te defiende!
Ian, que estaba furioso, se le acercó. Pero no precisamente para darle un beso.
—Vuelve a decirle algo más y esto será lo último que oirás de mí.
Luego me hizo una seña con la cabeza de que avancemos hacia la clase, y nos fuimos, dejando a Jordan insultándome por lo bajo rodeada de sus clones.
—No tienes que hacer eso, Ian.
—Oh, si que tengo. Está comenzando a hartarme.
Sonreí, pensando en April. Dudé en contarle lo del engaño, pero opté por no hacerlo.

El día fue de lo más divertido. April ocupó el lugar de Mark, Sophie se sentó a mi lado, Ian en su puesto de siempre, y Jordan no asistió a ninguna clase.

Capitulo 4
—¿Y si vamos a una fiesta? —dijo Sophie, emocionada. Yo nunca había ido a una fiesta, lo que me entusiasmó y aterró al mismo tiempo.
—Hay una hoy. —se metió Ian. —Es en caso de un amigo. Dave Marco.
Yo recordaba a Dave Marco desde la vez que me había comprado un chocolate. Íbamos a preescolar, pero contaba como un regalo de un chico. Era un año mayor, y todas las chicas de la escuela morían por él. Su segundo nombre era “mujeriego”, y le daba buen uso a su reputación. Creo que no había chica en la escuela, apartandome a mí, que no lo hubiera besado.
Pero era popular. Y sus fiestas eran populares. Y era obvio que yo no era popular. Quizás Ian lo fuera, y quizás a mis amigas las dejarían entrar, porque eran hermosas y nadie las conocía, pero a mí, que todo el mundo sabía de mi reputación, no creía que me aceptaran en una de esas fiestas. Pero Sophie habló por mí.
—Nos encantaría ir. —sonrió. —¿En dónde es?
—Estrena su nueva casa. Te pasaré la dirección esta tarde. —dijo, tomando el celular de mi amiga y anotando su número. April estaba ardiendo de los celos. Pero para su sorpresa, Ian tomó su teléfono del pupitre, y sin una excusa, escribió su número. Luego se fue. Y April nos enseñó a Sophie y a mí lo que había escrito.
“Llámame”
—No podemos faltar a esa fiesta. —fue la ultima palabra acerca de ese tema. Y por primera vez, sentí que comenzaba a vivir.
***
La casa de April era enorme. Era lo más parecido a una mansión que había visto en mi vida. Y además, se notaba que respiraba dinero. Cada cosa que tenía estaba hecha de plata. Y no sé por qué, eso comenzó a darme dolor de cabeza. Pero no le hice caso. Mamá me había dado el permiso para ir a la fiesta (fue extraño, porque no me advirtió de la medicina), y no pensaba desperdiciar la oportunidad.
—Insisto en que uses ese vestido. —dijo Sophie, haciendo en su cabello un rodete. —Te queda hermoso.
Yo me miré al espejo. Nunca había usado vestidos, pero ese me quedaba bien. Era negro, y al cuerpo, pero no mucho. Y tampoco era muy corto, lo que era más cómodo para mí. Pero aún así, se veía raro en mí.
Terminé aceptando. —¿Qué usaré en los pies?
April arqueó la ceja izquierda. —¿Pensabas usar zapatillas? —buscó unos tacones de colores y yo hice una mueca. Nunca había usado unos, pero hice todo lo posible para que no se notara.
Cuando cada una terminó de decidir qué prenda del ropero de April usaría, nos sentamos en su cama.
—Estoy tan enamorada de Ian…—suspiró April.
—¿Cómo te enamoras de alguien que acabas de conocer?
—¡No lo sé! —rió.
La conversación giró en torno a Ian, a sus novios anteriores y luego a mí.
—¿Nunca has besado a nadie? —me preguntó Sophie, extrañada.
—No. —confesé, avergonzada.
—Pero si eres muy hermosa. —April me pasó una mano por el hombro.
Yo sabía que no lo decía en serio, pero lo mismo sonreí. Y mientras ellas se cambiaban, me pregunté qué pasaría esta noche, cuando no haya tomado la medicina. ¿Me agarraría un ataque epiléptico? ¿Moriría? Supuse que tendría que esperar. Pero no quería hacerlo.
Cuando llegó la hora, y nos metimos en el convertible de April, los nervios se apoderaron de mí.
1)                    Era mi primera fiesta
2)                    Podría llegar a morir.
Sé que era exagerado, pero yo me sentía así en ese momento.
El viaje en auto fue muy agradable. Sophie tenía un disco con canciones que me encantaban y que no creí que alguien más las escuchara. Canciones como Blue Jeans de Lana del Rey. Sentí que quizás yo no era tan diferente como pensaba que era y que había personas capaces de aceptarme y quererme. Personas que pudieran llamarse amigos.
No pensé que la música se oía tan fuerte en las fiestas, y yo parecía la única afectada. Nadie hacía muecas ni nada, como si fuera normal tan alto volumen, así que decidí aparentar que para mí también era normal.
Sophie golpeó la puerta unas cuantas veces, hasta que Dave la abrió. Éste, silbó  al ver el cortisimo vestido que mi amiga llevaba. Ella, por su parte, lo empujó y pasó a la casa.
—Hola, señoritas. —dijo él. Se notaba que ya estaba ebrio.
Rodé los ojos al ver que él intentaba besar a April, pero ella se alejó.
—¡Idiota! —exclamó. Yo reí. Me pregunté cuánto tiempo tardaría Dave  en besar a alguna de mis amigas.
Luego me di cuenta que a mí no me había dicho nada. ¿Estaría fea? ¿Sería fea? Pero no dejé que eso arruinara mi primera fiesta. Había venido para divertirme, así que decidí comenzar a hacerlo.
Caminábamos entre la gente, esquivando las miradas de todos. Veía algunas caras conocidas, compañeros y compañeras, pero también había gente que no conocía. No sé por qué, pero deseé que el chico de los pasillos estuviera en esa fiesta, aunque sabía que era poco probable.
April se detuvo. Giró, y nos dedicó una sonrisa: había alcohol. Se acercó a una mesa, sirvió tres vasos de vidrio y los repartió.
—Por nosotras. —dijo, haciendo que los tres vasos chocaran.
—Por nosotras. —sonrió Sophie, en un tono más alto.
—¡Por nosotras! —grité.
Los vasos hicieron un sonido hermoso para mis oídos, para luego verter el líquido en mi boca. Era un delicioso sabor a vainilla, que no me importó que el alcohol me raspara la garganta. Comenzaba a ser una verdadera adolescente.
No sé cuántos de esos deliciosos vasos de vodka de vainilla me tomé, pero cuando comencé a sentirme mareada dejé de tomar. No quería emborracharme y luego no recordar nada de lo que sería quizás la mejor noche de mi vida.
Estábamos bailando al ritmo de una canción pegadiza que decía así:
“It's going down, I'm going timber 
You better move, you better dance 
Let's make a night, you won't remember 
I'll be the one, you won't forget”
Mi felicidad era incomparable con cualquier otro momento, aunque el volumen de la música comenzaba a lastimarme los oídos. Parecía ser la única, nuevamente, que le sucedía eso. Y comencé a preocuparme. Pero hasta más tarde no me había dado cuenta que quizás tenía que ver con lo “raro” que había en mí.
—Creo que iré a tomar aire. —le dije a April en el oído, mientras ella bailaba sacadamente. Ya había tomado varios vasos más que yo.
—¡No! —exclamó y me tomó de la mano. —¡Quédate! Iremos a tomar aire más tarde.
Su energía se me contagió, y comencé a bailar con ella. Mis pies y brazos se movían de formas que nunca pensé que se moverían. Al parecer lo estaba haciendo bien, porque April sonreía mientras ambas bailábamos.
Pero dejé de hacerlo, cuando mi mirada se cruzó con los ojos marrones del chico del pasillo. Todo se detuvo por unos segundos. La música se silenció y las personas parecían dejar de moverse. Sólo existíamos él y yo. Como si esos pequeños segundos hubieran parado el mundo.
Sus ojos no dejaban de mirarme intrigantes. ¿Quién era ese chico tan hermoso? No lo sabía, pero además de parecerme muy guapo, había algo más en él que me hacía querer saber quién era y qué quería, a dónde iba y de dónde venía. Como si hubiera algo que nos conectara, sus labios asomaron el comienzo de lo que podría haber sido una sonrisa. Pero el brusco roce del brazo de April en el mío me hizo volver a la realidad.
—¿Dónde está Sophie?
Miré a donde estaba el chico antes. No había rastros de él. Se me había escapado de las manos. Bueno, de los ojos.
—No lo sé…—contesté perdida, buscando al chico.
April me tomó del brazo, y me llevo hacia fuera.
—Blair, ¿no has visto a Sophie?
Reaccioné cuando respiré el aire fresco.
—No. ¿Se ha ido?
—No lo sé. La última vez que la vi… —hizo una pausa. Y luego comenzó a reírse. —No sé cuando fue la última vez que la vi. —soltaba carcajadas aunque el hecho de que nuestra amiga había desaparecido no era gracioso.
Definitivamente estaba ebria.
—Hey. No hay que dejar que bese a Dave. —me dijo al oído, mientras volvíamos a entrar para buscarla. —Sería un papelón.
—¿Qué? — ¿de verdad Sophie quería besar a ese idiota?
—Puede que esté con él. —se encogió de hombros.
—Diablos. —susurré. Definitivamente Sophie no debía besar a Dave. Eso le daría al idiota más ego del que ya tenía.
Cuando estaba por cruzar la puerta para salir por milésima vez, Ian apareció.
Llevaba una camisa rosa que le quedaba muy bien, y unos bermudas de jean. Sus ojos azules resaltaban y su pelo negro estaba despelotado. Era apuesto, pero no tanto para mí.
—Hola. —sonrió.
April abrió los ojos como platos e inmediatamente comenzó a arreglar su cabello aunque Ian estaba viéndola. Él sólo rió.
—Me alegra que vinieran.
Yo sonreí. Luego miré a April que estaba sonriéndole a Ian. —¿Has visto a Sophie? —le pregunté, pensando que también podía ser una excusa para dejarlos solos.
—La he visto en el sillón…
—¿Con Dave? —no sé por qué pero lo sospeché.
—Exacto.
Casi corrí a donde estaba. No cabía la posibilidad de que se besaran. Era Dave Marco. Es decir, debería esperar un tiempo antes de tocar esos tan usados labios.
Los encontré en el sillón hablando. Ella parecía enojada con él, pero él estaba sonriendo. Cuando Sophie me vio, me hizo una seña para que me acercara.
Lo hice, y Dave silbó. —Hola, hermosa. —era repugnante.
Me senté del lado de mi amiga.
—¿Cómo te llamas? —me preguntó Dave.
Cuando comencé a hablar, la expresión de ebrio egocéntrico se esfumó. Parecía estar escuchándome con atención y seriedad. Me hizo unas cuantas preguntas un poco extrañas, pero pensé que eran por su ebriedad.
Luego le pregunté de él. Se llamaba Dave y tenía dos hermanos mayores. Su madre se había ido de la casa el año pasado y su padre tenía una nueva mujer, por lo tanto una nueva casa. Sus ojos eran marrones claros, y hubieran sido lindos si no hubieran casi gritado que lo único que quería era sexo y hormonas cada vez que me miraban. Y no sólo a mí. Cuando miraba a Sophie, las hormonas aumentaban. Repugnante. Aunque era guapo.
Era tan insoportable, que intentó besar a Sophie tres veces al frente mío. Pero, como todo mujeriego, se cansó, y se fue del sillón.
La canción cambió a una electrónica y eso fue suficiente para que mis oídos se rompieran. Me llevé las manos a las orejas, y Sophie me preguntó si estaba bien. ¿A ella no le hacía nada?
—Voy…voy a tomar aire. —dije con dificultad, ya que tenía una enorme migraña que casi no me dejaba hablar.
Cerré la puerta del patio y suspiré, respirando el aire puro. Se sentía bien que todo ese ruido cesara un poco.
Divisé una hamaca y fui a sentarme en ella. Me balanceé suavemente, para luego descubrir que detrás de mí había arbustos, y detrás de los arbustos, estaban Ian y mi amiga.
Intenté no escuchar mucho la conversación, para darles privacidad, pero no pude evitarlo. Pareciera que todos los sonidos yo los escuchara el doble de alto.
—¿Y Jordan? —le preguntó April.
El suspiró.  —No lo sé.
—¿No lo sabes?
—Creo que terminamos.
—Oh…
Yo sabía que April tenía ganas de gritar y festejar, pero se reservó. Sonreí al imaginarme a mi ebria amiga gritando cuando Ian no la viera.
—¿Estás bien? —April le dijo con dulzura.
—Sí, eso creo. —dijo él, dudoso.
No podía entender cómo Ian podía sentirse mal por culpa de una perra como Jordan. Jordan era…justamente, una perra. Y Ian, por lo que sabía, era alguien un poco más inteligente como para estar con una perra. Pero era el popular capitán del equipo de fútbol. Y ella, la popular capitana del equipo de porristas. Eran perfectos, sin contar que ella era una idiota.
El humo de algún cigarrillo hizo que me asqueara. Y la puerta que separaba el patio y la casa estaba ahora abierta, lo que hacía que la música sonara como fuertes ladridos en mi oído. Así que, cuando nadie me vio, me fui.
Había una pequeña tranquera en la parte trasera del patio, que comunicaba con un bosque. Y decidí que lo mejor de todo era alejarme de esa fiesta. Volvería luego.
Caminé unos metros. Era lindo no estar rodeada de tanta gente y de tanta música pesada por un momento. Divisé una piedra más o menos grande para sentarme en ella. Llevé mis rodillas a mi pecho, y hundí mi cabeza en ellas. Mi cabeza explotaba.
Comencé a procesar todo: estaba en una fiesta. Con amigas. Con un amigo. Había visto a un chico lindo. Un chico hermoso de ojos oscuros. Un chico hermoso que se había quedado mirándome en el pasillo. Un chico hermoso que también me había mirado en la fiesta. Un chico hermoso que tenía algo que me hacía querer saber de él, quién era y esas cosas. Un chico hermoso que me intrigaba. Un chico hermoso que no conocía.
Escuché pasos. Levanté la vista y lancé un grito. El chico del pasillo estaba parado en frente de mí, mirándome, como una niñita me miraría desde una ventana en una película de terror. Con ojos grandes y firme. Manos en los bolsillos y sin expresión en la cara.
Pero aún así, su belleza era incondicional. Y además, parecía que hubiera leído mis pensamientos y aparecido justo cuando mi mente lo nombró. Me di cuenta de que había algo en él, además de su belleza, que me atraía. Como una especie de vínculo entre sus ojos y los míos.
Estábamos en silencio. Él me miraba, y yo lo miraba. Ninguno apartaba la mirada. Pero comenzaba a molestarme que no me dijera nada.
—¿Quién eres? —le dije, amenazante.
Su mirada se suavizó, y sonrió levemente. Tenía una sonrisa hermosa.
—Me llamo Arsen.
Arsen. El nombre que sería la melodía en mi canción a la que podría llamar “vida”.
Asentí. Quería que él preguntara mi nombre.
—¿Qué haces aquí? —con las manos en los bolsillos, caminó hacia mí, y se sentó en la piedra, a mi lado.
—Quería tomar un poco de aire.
Él asintió. Sé que le pareció estúpida la idea.
Se acomodó un poco, y nuestros brazos se rozaron. Fue como si una chispa se activara. Y ambos nos dimos cuenta. Iba mucho más allá de la atracción.
—¿Qué fue eso? —susurró.
Yo me encogí de hombros, y miré al suelo. De pronto, tuve la sensación de que yo ya había estado sobre esta piedra. Y que mis pies ya habían tocado ese pasto.
El recuerdo vino a mí como un flash back. Una imagen de mí corriendo por ese bosque de prisa. Mi respiración agitada y cansada, como si hubiera estado corriendo de algo. Me senté en esa misma piedra a descansar. Luego, oí voces y eché a correr, como si estuviera huyendo de todas las personas del mundo.
Pero era extraño. Demasiado. Y decidí apartar ese recuerdo. Estaba volviéndome loca.
—¿Estás bien? —puso su mano sobre la mía. De vuelta la chispa. Pero no le hice caso, aunque se sentía bien.
—Si, ¿por qué?
—De repente comenzaste a ponerte tensa. —parecía preocupado, aunque acababa de conocerme. — ¿Es por mí? Por que el hecho de que estemos solos en un bosque no significa que haré algo raro. —bromeó.
—No. —sonreí. No se daba una idea lo que me gustaba que estuviera ahí conmigo. —Estoy bien.
Él sonrió. Luego dijo:
—La música está muy fuerte, ¿no crees?
Lo miré, sorprendida. ¿Había dicho lo que había oído?
—¿Tú... tú también lo crees?
—Sí. —sonrió. —Es insoportable estar ahí dentro. Como si perforara mis oídos.
Parecía que había hablado yo. Pero no quise decirle que a mí me pasaba lo mismo y que sospechaba que yo era alguna cosa extraña, así que sólo asentí con la cabeza.
—Ven, caminemos. —se paró, tomó mi mano y me dirigió al bosque, lo que comenzó a asustarme.
—¿Me llevas a lo más profundo del bosque y no preguntas mi nombre?
—Es que ya lo sé. —sonrió, mirándome. —Blair.
Dicho por él, mi nombre era el más lindo del mundo. Sonaba armónico, como todo lo que él decía. Bajó la vista.
—Así es. ¿Cómo lo sabías?
Él se detuvo. Yo lo miré, interrogativa.
Solo un faro a unos metros de distancia alumbraba. Me miró a los ojos, y pude divisar que sus ojos ya no eran marrones. Eran rojos.
—Porque esto es tuyo.
En sus manos, mi collar con llavecita de oro se tambaleaba. Tanteé mi cuello con las manos, en busca del tan preciado collar, y descubrí que, efectivamente, el collar que sostenía en sus manos, era mío. 

19 comentarios:

  1. Anónimo12.9.14

    Meeee encanta! Por favor sube seguidoooo.

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  2. me gusta mucho porfas sube el siguiente capitulo

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  3. Me fascinaaaaa siguelaaaa plisssssss

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  4. Anónimo25.12.14

    sigue subiendo me encanta !

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  5. Anónimo10.1.15

    sigue con los capitulos
    porfa

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  6. Sigo esperando el 5to capitulo :(

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  7. subelos pronto.... todos los capitulos juntitos

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  8. Es Hermoso!! Por Favor Sigue Subiendo!! :)

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  9. Anónimo23.3.15

    Sigue subiendoooo

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  10. Anónimo7.5.15

    Me encanto ...
    simplemente necesito mas ja! .
    Tu puedes sigue, animo! :)

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  11. Anónimo28.5.15

    me encanta como escribes!!!!
    sube mas capítulos por favor, no puedo esperar
    a leer el siguiente capitulo, me encantaaaa

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  12. Anónimo28.5.15

    sigue subiendo me encanto :)

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  13. Anónimo28.5.15

    cuando vas a sacar el quinto capitulo???

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  14. Anónimo28.5.15

    necesito leer massss, publica mas capítulos prontooo plss

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    1. Hola!! Los capítulos están en Wattpad!! http://www.wattpad.com/myworks/20830311-moonlight —

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  15. Me encanta!!! Por favor sigue escribiendo, tienes un talento increible, te felicito, gracias por permitir que leamos tu libro, es increible

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    1. Hola!!!! Gracias, los otros capitulos están en WATTPAD

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  16. El que esta en WATTPAD esta es escrito en un narrador diferente me gustaba mas como lo escribias aca :(

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