Atrapada. Capitulo 2

Esta noche no cenaré. Sé que Heather no me hará nada para comer después de la discusión de anoche así que me propongo a no salir de mi habitación hasta la mañana siguiente. Cuando cae la noche abro la ventana. Las noches en la ciudad son maravillosas.  Desde el 5to piso donde vivo, puedo ver con claridad a la gente en el Central Park. Una pareja melosa, un grupo de niños jugando y algunos muchachos hablando tranquilos, probablemente bebiendo alguna bebida alcohólica que a mi me resultaban desagradables, pero al parecer, al resto de los adolescentes no. Uno de ellos saca un cigarrillo y lo prende. Me doy cuenta que nunca he probado uno, pero tampoco quiero. En realidad nunca he hecho muchas cosas. Volteo para ver a la pareja y me doy cuenta que tampoco he besado a ningún chico; no he tenido una amiga, no me he relacionado con nadie, ni siquiera con mi propia madre.
Distingo a Alex en uno de esos chicos bebiendo y fumando. Mira hacia arriba, donde estoy yo y se queda mirando, parece no reconocerme. Esconde el cigarrillo que tiene en la mano izquierda detrás de el y me saluda con la derecha. Le devuelvo el gesto y veo que tira el cigarrillo al piso y lo pisotea. Lo quiere esconder de mí. Sus amigos lo llaman y se da vuelta. Yo cierro la ventana y me meto en la cama. No creo que él se voltee de nuevo, pero aunque deseo que así sea, no voy a comprobarlo y me quedo mirando el techo hasta que consigo dormirme.
A las 3 de la mañana me despiertan unos golpes en la puerta del departamento. Heather no ira a ver quien es, así que voy yo.
— ¿Alex?— digo perpleja
—Hola, Julia — me saluda sonriendo. A juzgar por su aliento, debe estar ebrio
— ¿Que haces aquí?
—Vine a saludarte
— ¿A esta hora?— la verdad era que me encantaba que lo haya hecho, que se haya tomado la molestia de adivinar cual era mi departamento y que hay entrado de alguna forma extraña, ya que no le habíamos abierto ni yo ni Heather desde el portero, pero temía que mi mamá se despertase y armara un escándalo.
— ¿Que hora es?— pregunta él
Le muestro el reloj que tengo en la muñeca y su cara cambia.
—Yo…lo siento.
“¡No! No tienes por qué sentirlo, es lo mas lindo que han hecho por mi” quiero decirle, pero sin embargo, solo lo invito a pasar.
Lo siento en el sofá y le traigo un vaso de agua.
— ¿Como has estado?— me pregunta como si no nos viéramos hace años y fuéramos amigos de toda la vida. Yo río y confirmo mi teoría de que esta ebrio, nos habíamos visto la mañana anterior.
—Bien ¿y tu? ¿Qué haces aquí? ¿Cómo sabías donde vivo?
—Te vi en la ventana…si quieres que me vaya, me voy.
—No…yo…— solo quiero que se quede. Además de haber hecho un hermoso gesto, esta muy guapo y disfruto la vista.
  Mi madre interrumpe en la sala.
— ¿Julia? ¿Y este...?
—Soy Alex. — se levanta tambaleando y le ofrece una mano para estrechársela.
—Guardártela. — le dice cruelmente mi madre.
—Va a mi escuela — me explico. Mi cara suplica que no lo eche y se vaya a dormir. Ella entiende y se va sin decir palabra.
— ¿Debo irme?— pregunta Alex luego de un rato.
No contesto. Prefiero que se quede, pero se que ligaré un reto de parte de Heather. Él se levanta y se golpea el pie
— ¿Qué haces? ¿A donde vas?
—No lo sé, pero si sé que no debería estar aquí…nos vemos…mañana…Julia — le costaba hablar, y también caminar.
Le abro la puerta y me saluda con un gesto con la cabeza. Me acuesto pensando en él pero no me duermo hasta escuchar el despertador. Es imposible que por una persona no haya dormido. No me había pasado antes. Pero es que el gesto de venir a mi casa…dejó algo en lo que pensar. Me cambio, desayuno y voy.
Cuando llego a la escuela, lo único que quiero hacer es ver a Alex, pero nuestras clases no coinciden hasta la última.
La directora entra a la sala y nos informa que el profesor no asistió y podemos irnos. Todos salen atolondradamente pero yo espero a que no quede nadie allí.
Cuando me levanto, siento un mareo, como una montaña rusa a 100 kilómetros por hora que me hace caer al suelo. Solo quiero que pare pero no logro saber cómo hacer eso. Cierro los ojos y ahogo un grito desesperante y por fin, termina. Cuando consigo abrir los ojos tengo a Alex en frente. Me siento avergonzada. Me sonríe y se me queda mirando.
— ¿Estas bien?— No me está mirando con unos ojos enormes como lo haría cualquier otro y me sorprende que lo haya tomado como algo natural cuando ni siquiera yo sé lo que sucedió. Asiento y él me ayuda a levantarme. Se sienta en uno de los bancos y me hace un gesto para que me siente a su lado.
— ¿Que te ha pasado?
—No lo sé — de verdad que me asusta no saberlo.
— ¿Quieres ir a casa?
—No. — contesto recordando a Heather, que seguro está muy enojada.
El silencio incomodo que hay entre nosotros me pone nerviosa.
—Lamento lo de anoche. — dice luego de un rato
Suelto una carcajada. — ¿De verdad te acuerdas?
El se ríe fuerte. —Tan mal no estaba.
Yo sonrío. Su risa es la más linda y agradable que he oído antes.
—Pero sí hice estupideces. ¿Que hora era?
—Las 3— me río.
El se pasa la mano por el cabello, avergonzado. Debe ser muy suave
—No te sientas mal, no importa.
—Tu madre debe odiarme.
—No…— digo segura de que a la que odia es a mí.
— ¿Quieres que te acompañe a tu casa? Me quiero disculpar con ella.
—No, no es necesario, Alex.
—Lo haré, vamos.
Y me toma de la mano. Su piel suave pegada a la mía se siente rara, nunca antes lo había experimentado. Se siente…bien.
Salimos por el pasillo y todos nos miran. Miro las paredes para no cruzarme con los ojos de nadie. Un chico se para en frente nuestro sin dejarnos pasar. Es alto, y morocho y sus ojos son azules, pero a la vez negros, como la oscuridad. Su mirada era oscura.
— ¡Hey Alex! ¿No me presentaras a tu amiguita?— supuse que era un amigo de él.
—Ella es Julia, él es John — dice entre dientes.
Le sonrío. John saca un papel de su bolso y se lo entrega a Alex, que lo recibe con la mano que sostenía la mia. Luego será incomodo si vuelve a tomármela.
—Adiós. —  dice John y me examina de arriba abajo mientras se va caminando de espaldas.
—Es mi hermano. — dice Alex cuando John se va.
—No encuentro el parecido.
—Créeme que yo tampoco.
Salimos de la escuela y luego de un rato me dice:
—Le gustas.
— ¿Que?
—A John. Te cree atractiva
Nunca le había gustado a nadie.
—Varios te han observado, ¿cómo no lo notas?
—Pensé que me creían rara — confesé
—Raramente hermosa — dice por lo bajo, pero yo si lo escucho y sonrío.
Llegamos a mi edificio pero no tengo las llaves y mamá esta trabajando. Alex insiste en esperar y nos quedamos en  la vereda sentados. Lo miro. Me esta mirando  con sus ojos azul marino. ¿Cómo es posible que alguien tenga ojos tan lindos? Esperamos un rato en silencio hasta que llega Heather.
— ¿Otra vez tú?— dice sin antes saludar. Se caracteriza por sus malos modales.
—Yo…quería disculparme por despertarla la noche anterior, no era mi intención. — comienza a decir Alex
—Ahórrate tus palabras. — lo interrumpe. Abre la puerta y entra al edificio
Siento mis mejillas encenderse y enrojecer de vergüenza. No puedo mirarlo pero sé que la expresión de su cara ha cambiado. ¿Por qué Heather es tan cruel? La única persona, además de ella, que me ha dirigido la palabra en estos años puede alejarse de mí por su culpa.
Alex me mira y las lágrimas se asoman por mis ojos.
—Lo siento…— entro al edificio y me voy, dejándolo solo. Quizás no fue la mejor opción pero sé que no debo encariñarme con nadie porque en cualquier momento puedo ser yo la que desaparezca.
Estoy decidida a no hablar con mi mama hasta que se disculpe. Pero sé que eso no pasará. Cuando entro al departamento vuelve el mareo que sentí a la mañana. Esta vez es diferente. No cierro los ojos y no caigo al suelo, pero todo me da vueltas a una velocidad inexplicable. Grito, quiero que pare y lo hace luego de un rato. De repente todo se ve oscuro y la ventana está abierta, entonces puede ver que es de noche y no lo entiendo. Era tan solo el mediodía, ¿qué ha pasado? Algo en mí me dice que vaya hacia la ventana y trepe en ella. Cuando lo hago, veo del otro lado un hombre vestido de gris que me mira a los ojos, desafiante. Como si estuviera a punto de atacarme. Siento su respiración entrecortada en mis oídos aunque esté a un poco más de 5 metros de mí. Quiero apartar la mirada pero no lo hago.
— ¿Quién eres?— me dice. Su voz es gruesa y me recuerda a alguien.
No contesto y repite la pregunta en un tono más alto pero tampoco le respondo.
— ¿QUIEN ERES?— ahora me grita de una forma que consigue darme miedo.
—Julia. — respondo tensa
—Tu verdadero nombre. —me ordena. Sus ojos, escondidos en la oscuridad, brillan.
Comienzo a asustarme de verdad. ¿Cómo logró saber eso? Se supone que nadie lo sabe. Entonces comprendo. Me encontraron.
No le respondo porque simplemente no se qué. Se me acerca  y siento su respiración cada vez más fuerte. Solo quiero que se detenga y no se me acerque más. Levanta su mano a la altura de mi cuello como si se preparara para ahorcarme. Basta. Quiero que pare. Antes que me alcance, salgo corriendo. Lo más rápido que puedo. Corro. Sin dirección alguna, sin saber a donde ir. Solo quiero escapar. Corro. Corro en la oscuridad de ese extraño lugar y comienzo a cansarme. Me tropiezo y el hombre me alcanza. Me agarra el cuello y lo exprime hasta dejarme sin respiración. Intento gritar pero solo sale un sonido vago y agudo. Cada vez me ahorca con más fuerza. Cierro los ojos y no siento nada más.
La oscuridad se transforma en luz. ¿Estoy muerta? De pronto veo 6 luces en medio de todo lo blanco. Una roja; una azul; verde; amarilla; una violeta y al ultimo, una casi apagada, gris. Las reconozco al instante: Minder,  Treatmen, Truth, Flyer, Silent, y por ultimo Finder. Entonces sí es una Especie.
 Toco la roja y mi mano comienza a sangrar. Duele. No entiendo por qué mi Especie me hace sangrar, siempre pensé que nos dedicábamos a lo relacionado con la mente. Cierro los ojos por el dolor de mi mano y al hacerlo, los recuerdos vienen a mí como flashes, como en las películas. Veo a mi madre, a mi padre. Ambos me sostienen de las manos  y juntos corremos entre charcos de agua. Me veo a mí en el funeral de mi padre. No entiendo por qué mi mamá llora ni porque todos los demás también. Mis abuelos, la última vez que los vi. Yo era muy pequeña para entender lo que estaba sucediendo. Luego veo como vamos dejando nuestra antigua casa. Con papá cerca no hacía falta ocultarme, pero como él ya no está, nos mudamos a todas partes. Veo a Suecia, a Sudáfrica, a Brasil, a Canadá, a Japón, a Londres, a Egipto, a México, a Perú, a Chile, veo a Texas, a Alaska y por último a Nueva York. Veo el día en que Alex tropezó conmigo, veo cuando vino a mi casa ebrio y veo cuando me despido de él. Abro los ojos y me encuentro en la misma habitación blanca con luces. Hago una mueca de dolor y veo mi mano ensangrentada manchando el suelo blanquísimo.
Con mi mano temblando, toco la luz  azul y me curo de a poco, sintiendo como cada uno de los cortes que la luz roja me hizo comienzan a cicatrizar. Eso es lo que hacen los Treatmen, curar, pero todavía no entiendo el por qué de las luces.
Luego me acerco a la verde y algo se proyecta en la pared blanca. Miro hacia atrás buscando un proyector, pero sólo encuentro más blancura. En la pared, me veo a mí de pequeña mintiéndole a mi padre, mintiéndole a mi madre. También estoy yo unos años más tarde, mintiéndole a una chica que me preguntó mi nombre y de dónde era. Así, van pasando todas las veces que mentí hasta llegar a la vez que le dije a Alex que me llamaba Julia y que venía de Londres. No entiendo lo que está pasando y me asusta. También aparece cuando el hombre de gris me preguntó mi nombre y mentí.
Toco con rapidez la luz amarilla para que la proyección se termine. Comienzo a levitar a mucha velocidad. Rompo el techo de la blanca habitación, y me encuentro arriba de mi ciudad. Veo los edificios, la gente pasando, los taxis, algunos turistas. Veo a algunos compañeros  pero no necesito ver eso. Necesito bajar. Grito. Cualquiera diría que soy una histérica, pero gritar me ayuda. De hecho, funciona, bajo repentinamente como si alguien desde arriba me hubiera soltado y ahora me encuentro cayendo en medio de la ciudad a toda velocidad. Grito. Cierro los ojos y grito para chocarme al caer al suelo. Pero no estoy en la ciudad, es sólo la estúpida habitación blanca que ya está colmando mi paciencia. Parece que si no toco todas las luces no saldré nunca de allí.
Me acerco a la violeta. La de los Silent. La toco y un ruido ensordecedor me invade los oídos. Es tan agudo que parece un gritito de niña. Me aturde y me tapo los oídos para que el sonido se calme. Pasan unos segundos, que para mí fueron horas, y todo vuelve a la normalidad.
Me falta la luz gris que cada vez se vuelve más negra. No es luz; es oscuridad. Quiero tocarla. Sé que me atrae y eso es lo que mas me asusta. Pero lo hago y al cerrar los ojos por el miedo, una cara que se me hace conocida se aparece. Alex. Abro los ojos y todo se oscurece. No veo ni siento nada. Camino con cuidado de no tocar nada pero en realidad no sé si estoy caminando o estoy nadando en agua. Quizás podría estar quieta y no me daría cuenta. Literalmente no siento nada hasta que mi cabeza da con algo que supongo que es una pared. Tanteo unos segundos buscando un interruptor y lo encuentro. Clic. La luz prende y enfrente de mi hay una pared llena de fotos de personas que no conozco. Retrocedo porque sus caras me dan miedo. Son oscuras y la mayoría están lastimados. Parecen quemaduras, y otras, rasguños. Pero hay algunas que están perfectamente bien. En una de esas fotos veo una de... ¿Alex?
Me asusto. ¿Qué clase de sueño es este? Alex ya se va apareciendo dos veces y ya se ha convertido en una pesadilla. Comienzo a creer que no es solo un sueño.
 Quiero salir de ahí. Veo una puerta e intento abrirla pero está cerrada. Veo a mí alrededor buscando una llave y me llevo las manos a la boca cuando veo en la otra pared escrito con sangre “Vete de aquí”. Me acerco y siento el olor. Está fresca. Me desespero.  Ahí abajo hay una pequeña llave que increíblemente coincide con la cerradura de la puerta. Entonces me voy de ahí apurada. Atravieso un pasillo largo, con paredes angostas pintadas de color madera. Es largo, muy largo, casi interminable. Puedo divisar lo que creo que es una ventana abierta al final del pasillo. Acelero mi paso y justo antes de llegar a la ventana, todo me da vueltas y cuando frena estoy en casa.


Todo está en un silencio que desearía que no fuera real. ¿Dónde estará Heather? Abro la puerta de su habitación. Duerme. En otros momentos habría apreciado su sorprendente belleza a pesar de tener ya unos 45 años, pero sigo enojada. Tengo hambre, por lo que voy a la cocina, me hago un sándwich, busco helado y me encierro en mi habitación pensando en la extraña y horrible experiencia que acabo de vivir.

5 comentarios:

  1. Anónimo7.5.14

    Genial. Muy genial.
    Me he quedado atrapada en la historia, ¿podrías decirme cuando subirás capitulo? en verdad quiero seguir leyendo. :D
    Felicidades tienes una nueva seguidora de tu Novela.
    Saludos desde México. <3

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    1. Muchas gracias!!! Subiré el que sigue en unos días, muchas muchas gracias!!! ♥

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    2. Anónimo8.5.14

      Gracias por responder, sin duda lo leeré. ♥

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    3. http://trappedinbookss.blogspot.com.ar/search/label/Capitulo%203 aca esta el tercer capitulo♥

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  2. Anónimo8.8.15

    esta genial, me encanto

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